Hay un tema al que contínuamente la realidad me hace referencia. Un tema que me influye y me afecta ya que es claro en el mundo de hoy. Y es que la realidad ya no sirve para nada. Ya nadie mira la realidad.
De esto me doy cuenta, sobretodo, viendo cómo construímos nuestros pensamientos, rezonamientos, nuestras posiciones valorativas de la vida, etc. Ya no partimos de la realidad para conocer. No es de ella de la que obtenemos conocimiento. Imagináos una atmósfera en la que hay acumulados todo tipo de pensamientos, de construcciones mentales, de opiniones y valoraciones sobre las cosas cotidianas de la vida, de la que nosotros cojemos de ella lo que más nos guste o nos convenga en el momento. Construímos en abstracto.
El resultado de ello es que de las muchas cosas que opinamos, de las muchas cosas en las que nos posicionamos en A o en B, no ha habido un juicio real, una experiencia real de ellas. Por ello se dan hoy en día tantas contradicciones juntas y nadie se rasga las vestiduras. Hoy podemos ser antitaurinos o defensores acérrimos de los animales y proabortistas a la vez. Hoy podemos apadrinar a 10 negritos del África y tener a nuestro padre abandonado en un asilo. Hoy podemos declarar la independencia y la autonomía como auténticos requisitos para ser felices y no podemos pasar ni un minuto en soledad. Podemos ser multiculturalistas, tolerantes, abiertos y modernos y matar a nuestra mujer “porque era mía”. Ya no hay experiencia previa al conocimiento o razonamiento que decimos tener. Porque la realidad ya no importa, ya no es necesaria, todo vale.
Alguien sale vencedor de esta situación: el relativismo. Claro, ya no hay necesidad de que lo que digamos o pensemos se refleje en una experiencia previa o en la realidad. Todo es construído en abstracto, por tanto, todo vale. Todo queda en el mismo lugar que la opinión. Y como toda opinión es válida, todo vale.
La realidad está a punto de morir. Llegará un momento – si es que aún no ha llegado - en el que diremos que una mesa redonda es una silla y no pasará nada.
No quiero terminar sin señalar la importancia del poder mediático. Aceptamos y nos empapamos de la construcción cultural del mundo de hoy, de la mentalidad común que nos es arroyada en múltiples formas (mensajes publicitarios, series de televisión, prensa...), caracterizada por una sutileza tal que llegamos a afirmarla sin ponerla en cuestión, sin pensarla, sin ir al fondo de ella.
El primer afectado que veo en esta fractura realidad-conocimiento soy yo. Que veo cómo mi cabeza a veces quiere una cosa que mi experiencia ya me ha dicho que no sirve de nada. Y la cosa que quiere mi cabeza es lo que me dice el mundo de hoy.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada