El sábado pasado estuve cenando con los amigotes, como de costumbre. En éstas que uno de ellos, inteligente dónde los haya, comentó “ me sorprende ver la capacidad que hemos creado para no sorprendernos en absoluto de las noticias que salen en televisión”. Joder, qué cierto. Esta provocación me hace volver a escribir. Me usaré de apuntes de clase con Javier Barraycoa, apuntes sobre La Tiranía de la Comunicación de Ignacio Ramonet. Éste, lo que hace es analizar el telediario moderno y compararlo con el antiguo. Esta comparación, seguro nos dará alguna clave para poder entender mejor por qué sucede lo que comentaba mi amigo.
1) Anteriormente, el telediario se servía de una estructura ordenada muy potente. Las noticias estaban ordenadas (ámbito internacional, nacional, local...). El tiempo de cada una dependía de la importancia de la misma, etc. La realidad se interpretaba de manera ordenada. Ahora, las noticias están profundamente desordenadas. Puede aparecer una de ámbito internacional seguida de otra de ámbito local, volver a otra internacional, etc. Para Ramonet, y para muchos más, este desorden es un desorden procurado, no por casualidad.
2) Anteriormente, el fondo del telediario era un fondo estático (una pared, unas cortinas...) para poner la atención en el que hablaba. Ahora, el fondo es móvil, disperso, y eso crea una distracción en el que ve el telediario. Lanzo una hipótesis: Interesa que todos veamos el telediario, pero no debemos estar activos racionalmente, por eso nos distraen.
3)Anteriormente, las equivocaciones en los telediarios eran contínuas, los reporteros se equivocaban, los presentadores cometían unos errores tremendos... pero no pasaba nada. Ahora, el telediario no puede mostrar el error, tiene que ser todo perfecto. Ha de simular una seguridad aplastante, el reportero puede estarse media hora describiéndote la realidad sin leer nada (aunque sí lo lea en la cámara).
4)Se han realizado estudios para saber qué método funciona mejor para lavarle el cerebro a la gente. El resultado ha sido el siguiente: generar modulaciones de afectividad. Modular su afectividad: ahora triste, ahora contento, ahora con miedo, ahora vergüenza, ahora volver a estar contento... ¿No os suena? Una noticia triste al lado de una divertida, al lado de otra que da pánico, que te entristece... El telediario genera unas modulaciones de afectividad muy potentes.
5)Todo telediario, para que lo volvamos a ver (cosa imprescindible) debe terminar con una noticia feliz. Se llaman noticias placebo. Suele ser muy frecuente – ya que gusta a chicos y chicas – una noticia sobre un festival de moda o algo por el estilo.
6)Por último, los telediarios de antaño no se interrumpían, ya que lo importante no debe interrumpirse. Ahora, se interrumpen y parecen un programa más.
Conclusión: la que queráis. Yo concluyo que uno, viendo los informativos, ya no accede a la realidad sino a una construcción simbólica de la misma. Una construcción simbólica con finalidades muy determinadas. Quizá una de ellas sea lo que manifestaba mi amigo el sábado.
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