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miércoles 2 de diciembre de 2009

Cuidado con lo que decimos

Hoy, queridos amigos, un profesor mío de universidad – concretamente de Sociología de la Educación- nos ha dicho muchas barbaridades; de las cuales no puedo no haceros partícipes. Bueno va, no voy a mentiros, de las cuales no puedo NO DESAHOGARME, más que nada porque sino no duermo.

Mi brillante profesor ha explicado dos tipos de pedagogías: la visible y la invisible.

La pedagogía visible consiste en la pedagogía de toda la vida. Es la pedagogía en la que hay distintas asignaturas, en la que hay distintas notas (del 0 al 10) y en la que la evaluación es explícita. Es decir, tienes a Pepito que ha sacado un ocho y tienes a Juanito que ha sacado un dos. Pues bien, para mi brillante profesor, esta pedagogía crea desigualdad y exclusión educativas. Porque cuando estás felicitando a Pepito por sacar un ocho y le estás dando la vara a Juanito por sacar un pobre dos, estás creando desigualdad entre los alumnos, les estás diferenciando; y ¡eso no puede ser! Hay que luchar contra este sistema educativo que lo único que crea es exclusión y desigualdad, lo que deja claro que pertenece a la época arcaica, a la Iglesia, a lo conservador y todas esas cosas poco “modernas”...

Vayamos a la otra pedagogía, la buena - según mi querido maestro - , la digna, la “social” y la justa: la pedagogía invisible. En ésta, las asignaturas tienden a difuminarse en una (el conocimiento) y no hay notas que diferencien a los alumnos. En cuanto a la evaluación, ésta ya no es explícita ni dañina para la autoestima del alumnado, sino que es un regalo caído del cielo: es el propio alumno el que se auto-evalúa, el que se auto-realiza y auto-constituye, sin que nada (ninguna nota) ni nadie (ningún profesor) le diferencie de los demás.

Bien, no sé a vosotros, pero a mí me entristece ver cómo un profesor de Universidad es capaz de promover y abogar por dicha pedagogía. Querido maestro, si al chaval no le explicitas lo que es el bien y lo que es el mal (Y NO OS ENGAÑEIS, EL BIEN Y EL MAL NO SON SUBJETIVOS); si al chaval no le explicitas que se ha equivocado; si al chaval no le haces explícito que no está rindiendo como debería, que puede más, que está haciendo mal cuando podría hacer bien, ¿cómo cojones va a aprender? ¿cómo cojones crecerá?
Si tu a Juanito le explicitas que ha sacado un pobre dos, que debe estar más atento en clase, que puede hacer más, que estudie más y se deje de tonterías, quizá Juanito te saca un 6 en el próximo examen. En cambio, si a Juanito no le dices nada y, encima, es él mismo quién debe tomar la responsabilidad de auto-evaluarse, Juanito te sacará un uno en el próximo examen y se pensara que está igual de bien que su pobre dos.

Esto es muy duro, señores, de verdad. Detrás de esta pedagogía hay cosas muy peligrosas. Esta pedagogía individualiza al niño ya en su momento de crecimiento, de aprendizaje. Que el niño se auto-evalúe quiere decir que el niño manda, no el profesor. Y si el niño manda, el profesor no puede ni debe decirle nada. Si el niño se hace solito, se pone él sus mismas notas, decide él lo que está bien y lo que está mal; entonces ¿quién tiene algo que aportarle? ¿de quién va a aprender este niño? Esta pedagogía disuelve, precisamente, la más importante de las funciones sociales de la educación, la relación del niño con la realidad.

Estaría bien que los profesores de Universidad fueran un poco más serios. Sobretodo, porque en la pedagogía por la que mi profesor aboga, lo que sobra es el profesor.

Ha dicho muchas más, pero de momento ya me he desahogado un poco. Ya está bien por hoy.

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