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martes 23 de marzo de 2010

¿Construimos en abstracto?

Berger y Luckmann, en su Construcción Social de la Realidad, llegarían a una conclusión: absolutamente todo es construcción social, todo es construcción de los hombres, creadores y generadores de significados. Por tanto, nada es en sí mismo, nada es verdadero por sí mismo sino en la medida en que es construido por nosotros.

De esta teoría se desprenden muchas consecuencias, como -según mi profesora de Teoría Sociológica Contemporánea- que “no hay ninguna actividad relacionada con una determinada edad (se rompe con un tal edismo) ni con un determinado género”. ¿Por qué no? Porque lo hemos construido nosotros, y podemos volver a construir lo contrario. Es decir, que los niños jueguen a fútbol en el patio, y las niñas salten a la comba o hablen de sus amoríos, no es por nada más que porque nosotros lo hemos decidido así. De hecho, yo me pregunto por qué a los 5 años no estaba dirigiendo una empresa... ¿quien fue el maldito dictador que no me dejó? Quizá la gente debería hacerle caso a mi profesora cuando en una de éstas comentó que “esto de la socialización (la educación) de los niños para la vida adulta está cada vez más cuestionado, porque los niños ya forman parte de la sociedad, por tanto ya son creadores, autónomos e independientes creadores sociales” Lo que digo: ¡maldito dictador que me prohibió dirigir una empresa! ¡Si a los 5 ya era capaz de todo! ¿Quién se ha atrevido a educarme, pisoteando mi libertad? No hay derecho...

Pero todavía hay más, el final de la clase estuvo protagonizado por un gran debate en el que se nos preguntaba lo siguiente: ¿qué es el amor? ¿instinto, química, construcción social o una mezcla de todo? Después de intervenciones como “creemos que son reacciones químicas, y luego todo lo demás es construcción social” o “por ejemplo, lo de no ponerle los cuernos a tu novia, es evidente que es construcción social, son convenciones inventadas por el hombre”; después de todo esto, la profesora concluyó – a partir de una obra titulada El amor en la sociedad del riesgo- que el amor era exactamente construcción social del hombre utilizando la razón. Es decir, nos enamoramos de alguien porque previamente nos hemos ido convenciendo – con la razón- de que nos enamoraremos de ese alguien. Jesús Gómez, autor del libro citado, nos regala lo siguiente: “ tenemos una buena noticia: el amor no es irracional, es social; podemos intervenir en él...Debemos trabajar el amor como una ciencia".

Bien, todas estas reliquias teóricas que tanto cultivan nuestro pensamiento, son fáciles de tumbar. Sólo hay que hacer una cosa: vivir. Yo a los 5 años no podía crear si nadie me educaba; si cuando tenga 80, todavía le pido a la gente una piruleta al portarme bien, tendré un problema; si con mi razón pudiera decidir a quién amo, nunca hubiera decidido amar a quien en paz descansa hoy; y muchos ejemplos más que enfrentan nuestra vida con esta teoría de la construcción social de la realidad. La razón solamente entra en el amor para afirmar que éste es puro misterio. ¡Porque yo no puedo lograr explicarme por qué razón me tomo la molestia de amar!

Una teoría así solamente puede salir cuando el hombre se aparta de su experiencia y, entonces, no construye sino inventa. No me malinterpretéis: claro que el hombre construye, pero siempre mirando la realidad, la naturaleza de las cosas; nunca lo hace en base cero. Hay una fuerte tendencia en Sociología a creerse que el hombre manda e inventa (el hombre construye en la sociedad y luego ésta impone lo construido a las demás generaciones) y es aquí donde radica el verdadero problema. Porque tal y como hemos inventado una cosa, podemos inventar otra. Y entonces empiezan las pretensiones sociológicas para cambiar el mundo. Cuando la realidad no existe y todo es invento del hombre, el mundo es muy manipulable. Sólo hay que dejar paso a la imaginación.

A la pretensión sociológica, le sigue la ingeniería social.

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